Suelo
Los suelos se forman por la combinación
de cinco factores interactivos: material parental, clima, topografía,
organismos vivos y tiempo.
Los suelos constan de cuatro grandes
componentes: materia mineral, materia orgánica, agua y aire; la composición
volumétrica aproximada es de 45, 5, 25 y 25%, respectivamente.
Los constituyentes minerales
(inorgánicos) de los suelos normalmente están compuestos de pequeños fragmentos
de roca y minerales de varias clases. Las cuatro clases más importantes de
partículas inorgánicas son: grava, arena, limo y arcilla.
La materia orgánica del suelo representa
la acumulación de las plantas destruidas y presintetizadas parcialmente y de
los residuos animales. La materia orgánica del suelo se divide en dos grandes
grupos:
Los tejidos
originales y sus equivalentes más o menos descompuestos.
El humus, que es
considerado como el producto final de descomposición de la materia orgánica.
Para darse una idea general de la
importancia que tiene el agua para el suelo es necesario resaltar los
siguientes conceptos:
El agua es
retenida dentro de los poros con grados variables de intensidad, según la
cantidad de agua presente.
Junto con sus
sales disueltas, el agua del suelo forma la llamada solución del suelo; ésta es
esencial para abastecer de nutrimentos a las plantas que en él se desarrollan.
El aire del suelo no es continuo y está
localizado en los poros separados por los sólidos. Este aire tiene generalmente
una humedad más alta que la de la atmósfera. Cuando es óptima, su humedad
relativa está próxima a 100%. El contenido de CO2 es por lo general más alto y
el del O2 más bajo que los hallados en la atmósfera.
La arcilla y el humus son el sostén de
la actividad del suelo; estos constituyentes existen en el llamado estado
coloidal. Las propiedades químicas y físicas de los suelos son controladas, en
gran parte, por la arcilla y el humus, las que actúan como centros de actividad
a cuyo alrededor ocurren reacciones químicas y cambios nutritivos.
El suelo es considerado como uno de los
recursos naturales más importantes, de ahí la necesidad de mantener su
productividad, para que a través de él y las prácticas agrícolas adecuadas se
establezca un equilibrio entre la producción de alimentos y el acelerado
incremento del índice demográfico.
El suelo es esencial para la vida, como
lo es el aire y el agua, y cuando es utilizado de manera prudente puede ser
considerado como un recurso renovable. Es un elemento de enlace entre los
factores bióticos y abióticos y se le considera un hábitat para el desarrollo
de las plantas.
El suelo ofrece un soporte para la
producción vegetal y proporciona indirectamente la energía térmica necesaria
para el cumplimiento de los procesos vegetales, lo mismo que el agua y la
atmósfera necesaria para la respiración mediante la provisión de O2. Además
provee los nutrientes indispensables para el crecimiento vegetal. La mayor
parte del tejido vegetal se origina de compuestos simples, como CO2 de la
atmósfera y agua del suelo.
Gracias al soporte que constituye el
suelo es posible la producción de los recursos naturales, por lo cual es
necesario comprender las características físicas y químicas para propiciar la
productividad y el equilibrio ambiental (sustentabilidad).
Toma de Muestras para Análisis de Suelo
El muestreo del suelo, es un aspecto de
suma importancia, ya que de él depende que los resultados del análisis
posterior sean confiables y esto dependerá de cómo haya sido tomada la muestra.
En la medida que más representativa sea la muestra, más exactos serán los
resultados.
Algunas recomendaciones para la toma de
muestras:
·
Dividir el lote en áreas homogéneas en cuanto a posición en el relieve,
color, uso anterior, tipo de suelo.
·
Evitar hacer un muestreo cerca de alambrados, caminos, aguadas u otros
lugares donde se agrupe la hacienda, galpones, monte, zonas donde se fertilizó
recientemente y áreas de mal drenaje.
·
Cuanto más chicas las superficies de muestreo, mayor representatividad
(25-50 has.).
·
Utilizar muestras simples, es decir una sola extracción por suelo, en el
caso de suelos muy homogéneos.
·
Utilizar muestras compuestas, obtenidas por la extracción de varias
submuestras (15 a 20), lo ideal son 30 o 40, las cuales se juntan en un
recipiente de plástico, se mezclan y se extraen 500 gr a 1 Kg de suelo.
·
Utilizar para la extracción pala o barreno.
·
Tomar las muestras lo más cerca posible de la época de siembra.
·
La frecuencia de muestreo es anual en el caso de los nutrientes móviles y
cada 2 o 3 años en el caso de los no móviles.
·
Colocar la muestra en una bolsa de plástico limpia y cerrada, rotulada con
nombre del propietario, ubicación, profundidad, fecha, establecimiento.
·
Se recomienda trabajar siempre con el mismo laboratorio, para poder
comparar los resultados a lo largo del tiempo.


















